pueblos abandonados

Aldeas fantasmas

by / 3 Comments

Hace ya unas décadas que muchos pueblos del Pirineo sufrieron un proceso de abandono. Pueblos de los que aún quedan restos de lo que fueron, de algunas de sus casas e iglesias, y del lugar que en otro tiempo ocuparon. Acercarse a ellos y pasear tiene un efecto evocador inmediato.

Poblaciones como Jánovas, Lavelilla y Lacort, fueron testigos del éxodo de la población. Éxodo forzoso  por el proyecto de construcción del embalse de Jánovas – en los años 50-,  y que finalmente no se ha llevado a cabo. Situadas en el Valle del Ara, a los pies del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido (en la N 260 dirección a Boltaña). Lavelilla y Lacort tienen un fácil acceso desde la carretera, no así Jánovas, al que sólo se puede acceder tras cruzar el río Ara y únicamente en verano.

En el Valle de la Garcipollera, un mínimo valle próximo a Jaca, se encuentra Acín, al que le dedicamos una entrada en esta página, y que, como ocurrió en todo el valle, la plantación masiva de pinar -para la repoblación de las cuencas del embalse de Yesa-, obligó a sus habitantes a buscarse su sustento en otra parte. Quedando huérfanos pueblos como Bergosa, Bescós, Yosa, y Larrosa.

Y en el Valle del Tena, pueblos como Susín, cuya visita te recomendamos, por su iglesia románica y su ubicación, desde la que se disfruta de una impresionante vista del valle. A Susín se llega desde Oliván, son casi tres kilómetros si decides ir por la pista, o si te sales de ella en línea recta hay una distancia de un kilómetro. Desde Oliván también puedes llegar a Berdusa, y desde allí al conocido pueblo de Ainielle, tras un paseo de aproximadamente tres horas.

Ainielle es sin duda conocido por la hermosa novela “La lluvia amarilla” -monólogo del último habitante- escrita por Julio Llamazares, de la que reproducimos un breve extracto.

“Lentamente, al principio,y,luego ya, prácticamente en desbandada, los vecinos de Ainielle -como los de tantos otros pueblos de todo el Pirineo- cargaron en sus carros las cosas que pudieron, cerraron para siempre las puertas de sus casas y se alejaron en silencio por los senderos y caminos que van a tierra baja”.

“Como arena, el silencio sepultará las casas. Como arena, las casas se desmoronarán. Oigo ya sus lamentos. Solitarios.Sombríos. Ahogados por el viento y la vegetación.

Caerán poco a poco, sin ningún orden cierto, sin ninguna esperanza, arrastrando en su caída a todas las demás. Unas, irán hundiéndose despacio, muy despacio, bajo el peso del musgo y de la soledad. Otras, caerán de bruces en el suelo de repente, violenta y torpemente, como animales abatidos por las balas de un paciente e inexorable cazador. Pero todas, más tarde o más temprano, más tiempo o menos tiempo resistiendo inútilmente  acabarán un día devolviéndole a la tierra lo que siempre fue suyo, lo que siempre ha esperado desde que el primer hombre de Ainielle se lo arrebató”.

“La casa ya es tan sólo un resto de maderas y piedras arruinadas, un rastro de cimientos que marcan la tierra – entre la madreselva y las ortigas – el espacio violado que algún día ocupó”.

“Si alguna vez regresa, hallará los caminos cerrados por las zarzas, las acequias cegadas, las bordas y las casas derruidas. No quedará nada de lo que un día fue suyo. Ni las viejas callejas. Ni los huertos del río.” (‘La lluvia amarilla’. Julio Llamazares. 1988)

Si tras lo que has leído tienes curiosidad por conocer algo más de Ainielle, te dejamos este enlace de un estupendo programa de televisión.

Viaje al Pirineo News


3 Respuestas
  1. Carmen

    Muchas gracias por estos dos artículos sobre los pueblos abandonados del pirineo. Me han encantado.
    Un saludo

    dic.02.2013 at 20:45
    • Arantza Irurozqui (Autor)

      Muchas gracias Carmen, veo que compartimos el gusto por estos lugares tan especiales, y no sabes la ilusión que nos hace que nos lo digan.
      Gracias!!!!

      dic.03.2013 at 22:12
  2. Joaquín F.

    Vuestra foto me ha recordado otro pasaje de ‘La lluvia amarilla’: “Desde los robledales del camino de Berbusa o desde la collada del monte Cantalobos, las casas aparecen todavía tan lejanas, tan difusas e irreales entre el polvo de la bruma, que nadie podría nunca imaginar, al descubrirlo en la distancia, junto al río, que Ainielle ya es tan sólo un cementerio abandonado para siempre y sin remedio a su destino”.
    Gracias por traérmelo a la memoria.

    may.16.2013 at 15:49
Deje un Comentario

Current day month ye@r *