Albergue de Arres

Un alto en el Camino de Santiago: Arrés

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“Algo me aportó el camino y esto es una forma de devolvérselo”. Así explica Alfredo Centeno qué le ha llevado a trabajar como voluntario en el Hospital de Peregrinos de Arrés (también llamado La Casa de las Sonrisas), un albergue de donativo –en el que cada caminante dona lo que quiere o puede- en una de las primeras etapas del tramo aragonés del Camino de Santiago, a 23 kilómetros de Jaca, en el que siempre te reciben con una sonrisa.

El albergue ocupa un edificio de tres plantas, propiedad del Ayuntamiento de Bailo, del que se solían encargar Alfredo y Pilar, un matrimonio ya jubilado. Ellos viven ahora en Huesca pero su hospitalidad se ha transmitido a los voluntarios que lo atienden ahora. Cuando un caminante llega al albergue de Arrés dispone de una cama donde dormir, además de la cena y el desayuno del día siguiente. La comida se prepara entre todos los peregrinos y la aportación económica que hace cada uno al irse sirve para alojar a quien venga al día siguiente. “Aquí nadie se queda sin sitio”, dice Alfredo, “hay dos habitaciones con 4 literas cada una, más el altillo con capacidad para 4 personas más, y 2 colchonetas extra. Y si alguien no cabe, se le hace sitio en el bar”. El albergue está gestionado por la Federación Española de Asociaciones del Amigos del Camino de Santiago y lo atienden hospitaleros voluntarios, como Alfredo, un zaragozano de 45 años, o Rafael, de Calatayud, que compartió tareas con él. Los voluntarios van rotando cada quince días. Ellos cogieron el testigo de un vallisoletano, Adolfo, y se lo pasaron a los siguientes hospitaleros.

Alfredo hizo el camino completo el año pasado –antes había hecho varios tramos sueltos- e invirtió en ello 40 días desde Saint Jean Pied de Port (Francia).  Este año, al quedarse sin trabajo, decidió ofrecerse como voluntario para mostrar a otros su experiencia. Su función es echar una mano a los peregrinos en todo lo que puedan necesitar, desde mostrarles el  alojamiento hasta proporcionarles vaselina o tiritas para los pies, hacerles de guía turístico en Arrés una vez que se han recuperado de la caminata, o ayudarles a preparar la cena. Aunque, para él lo más importante no son esos detalles, sino la esencia, el espíritu del camino.

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Él aconseja hacer el camino sólo: “La gente tiene miedo a hacerlo, pero es una buena forma de conocerte, de estar contigo mismo, y de ir a tu ritmo. Además, en el camino nunca se está solo, vas cruzándote con gente continuamente, los ves en una etapa, vuelves a coincidir con ellos dos días después… se hacen grandes amigos”.

Alfredo no tiene un tramo preferido del camino: “No sé elegir qué tramo es el que más me gusta. Todo sorprende y todo gusta. Las vistas son espectaculares a lo largo de todo el recorrido. La etapa que va de Burgos a León, que tiene fama de ser fea, a mi me pareció que tenía mucho encanto con tantos kilómetros de llanura, yo no lo había visto nunca”.

La iglesia de Arrés, que Alfredo ha mostrado a decenas de peregrinos, encierra un buen número de curiosidades: un pila bautismal cuadrada, la imagen de Santa Águeda, patrona del pueblo, con los pechos en una bandeja; o el cristo colocado de espaldas en la barandilla del coro –dispuesto así para mostrar el rostro solo al “público seleccionado” que se sentaba en la primera planta de la iglesia-.

Albergue de Arrés, cuaderno peregrinos

Las experiencias de los peregrinos que pasan por allí quedan reflejadas en un cuaderno (en la foto de arriba) en el que se pueden leer agradecimientos en inglés, francés, alemán, árabe, sueco… De su experiencia como voluntario, que califica de “inolvidable”,  Alfredo recuerda  anécdotas como  el día que sacaron un porrón y un peregrino canadiense, con toda la camisa llena de vino, terminó aprendiendo a beber y enseñándole a un ruso cómo hacerlo, éste a su vez se lo enseñó a un alemán, y el alemán a un francés. “Muchos peregrinos cuando les abrazábamos al despedirnos se iban con alguna lágrima en los ojos de la emoción, quizá esa sea la mayor recompensa que me llevo, y que vienen cada uno por su lado y se van sabiendo el nombre de los demás, y recordando el albergue de Arrés. A muchos de ellos todavía los llevo en el corazón”, asegura este peregrino al que el camino no deja de darle nuevas emociones.

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Una Respuesta
  1. ANGELO MARTINEZ

    bello albergue quede imprensionado al primer momento que lo vi, despues de una buena etapa, hace pocos dias

    ene.14.2014 at 22:16
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