Casa de la Montaña de Jaca

Montañeros entre cuatro paredes

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Allí se reúnen esquiadores, senderistas, escaladores y amantes del Pirineo. Es la Casa de la Montaña de Jaca, mucho más que un bar-restaurante: un centro de ocio y cultura.

En La Casa de la Montaña puedes tomar un desayuno, una comida o unas cervezas mientras disfrutas de un vídeo de escalada, hojeas uno de los más de 200 libros de su biblioteca o contemplas una exposición de pintura o de los primeros materiales de esquí y escalada que utilizó la Guardia Civil de rescates. El local está abierto de la mañana a la noche en el número 34 de la avenida de Francia y acaba de cumplir su primer año de vida.

La Casa de la Montaña está inspirada en la Maison de la Montagne de Chamonix, un centro invernal de información y reunión de montañeros ubicado a los pies del Mont Blanc, en los Alpes franceses. “Era raro que no hubiese un sitio así en Jaca”, apunta Nacho, uno de los socios fundadores. “Además de la de Chamonix, existen Casas de la Montaña en otros lugares, como Pau, por ejemplo, aunque todas pertenecen a los ayuntamientos. Esta es una iniciativa privada”.

La idea de montar La Casa de la Montaña en Jaca surgió de forma natural, en conversaciones con amigos montañeros. Nacho, que llevaba ya diez años viviendo en Jaca como guía de alta montaña y profesor de esquí en Candanchú, contó con el apoyo incondicional de sus padres, Carlos y Chelo; su hermano Dani, también monitor de esquí en Candanchú, y la novia de éste, Inés. Un grupo familiar muy bien avenido que se reparte las tareas de La Casa de la Montaña. “Aquí todos hacemos de todo”, dice Inés, “pero vale la pena, es un sueño hecho realidad. No podía haber ido mejor. El bar era una excusa para poder organizar todo lo que queríamos”.

Ninguno de ellos tenía experiencia en restauración. Lo suyo es el amor por la montaña. Carlos, que había trabajado toda su vida como delineante en Madrid, decidió dejar la capital para apostar fuerte por esta empresa familiar: Su mujer, Chelo, se ocupa fundamentalmente de la cocina (todo casero y elaborado con productos de la zona) además de ejercer con orgullo de abuela; y su hijo Dani se ha reconvertido en cocinero y prepara, entre otros platos, una butifarra vegetal que se ha convertido en uno de los platos estrella.

Pero, como decíamos antes, en La Casa de la Montaña, hay mucho más que comida y bebida. Hay una biblioteca con más de 200 volúmenes entre guías, planos, libros técnicos, novelas y croquis de escalada, alpinismo, senderismo, esquí, raquetas, micología, flora y fauna del Pirineo… Y el número de publicaciones no deja de crecer, ya que todo el dinero del bote se destina a la biblioteca.

Casa_montana_jaca_Nacho
Casa de la Montaña escaparate

Y hay muchas exposiciones. Entre las exposiciones que se han podido ver en este primer año ha habido dibujos de esquiadores, fotografías de paisajes pirenaicos, óleos y acuarelas de los más variados rincones y personajes del Pirineo. Los artistas exponen gratuitamente y, a cambio, ceden una de sus obras para el local, que poco a poco se va llenando de arte pirenaico. El éxito de las exposiciones ha hecho que hasta el verano próximo no quede un hueco libre para nuevos artistas.

El local ha acogido también charlas y proyecciones de escaladores y alpinistas, así como de la Asociación Española de Guías de Montaña. Y también ha habido ocasión de organizar eventos fuera de las cuatro paredes de La Casa de la Montaña, que por algo son montañeros: el pasado mes de abril participaron en la puesta en marcha de la Jacetania Freeride, la primera competición de esquí alpino, Telemark y snow que se celebraba en el valle del Aragón, en la estación de Astún.

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