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Las casas del Pirineo

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La construcción de las casas del Pirineo ha seguido el mismo modelo desde la Edad Media, se puede decir que se ha mantenido sin apenas variación desde el siglo XVI. Se trata de un modelo de construcción en armonía con el entorno, adaptado a las condiciones de la vida rural y a las duras condiciones climáticas. Y es que la situación geográfica de estos valles, las dificultades de comunicación y el modo de vida practicamente autosuficiente determinaron que la vida girara en torno a la casa.

Es característico el uso exclusivo de la piedra en sus muros y los tejados cubiertos por losas de arenisca o pizarra y de fuerte pendiente para favorecer la caída de la nieve. Seguro que lo primero que te llama la atención son sus singulares chimeneas que, inevitablemente, destacan sobre los tejados.  Estas originales chimeneas de forma troncocónica aparecen cerradas por una cubierta calada y en ocasiones culminadas por una piedra que hace las funciones de  “espantabrujas” – impide que las brujas accedan al interior de la casa-, según la sabiduría popular.

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Tradicionalmente se han distinguido dos tipos de casas, las casas nobles y de gran poderío económico -con dinteles fechados, capillas propias, escudos, portales abovedados, ventanas de piedra decoradas con motivos escultóricos- y las rurales. Por eso la portada -puerta-  se constituyó en uno de los elementos más identificativos del edificio cara al exterior, en tanto que era una muestra del poder y prestigio de la “casa” -entendido como algo más que el edificio-, de ahí que se cuidara especialmente su aspecto.

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Como corresponde al clima del Pirineo -duro y frío-, los huecos de las ventanas son escasos y de dimensiones reducidas y, aunque en su forma se pueden relacionar con las portadas, suelen ser más modestas y sencillas.

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Las casas contaban con dos o tres pisos. El inferior era la cuadra y el piso superior estaba destinado a vivienda, al ser menos frío y húmedo que la planta baja. Sorprende que, aunque las casas se agrupen no lleguen a unirse, quedando entre ellas un callejón –callizo- por donde no cabe una persona. Este espacio es a menudo utilizado como leñera.

Fuera de los pueblos, en los montes, en ocasiones a varias horas de distancia caminando, se levantan diversas construcciones con finalidad ganadera, agraria y pastoril. Estas construcciones son las conocidas bordas, las majadas o mallatas que tradicionalmente han cobijado a los pastores -conocidas como masadas o masos en las zonas del Sobrarbe y la Ribagorza- y que en la actualidad tienen mayoritariamente uso turístico.

 

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